Así fue la boda Enrique VIII y Ana de Cléveris

Palacio Placentia
El lugar escogido para la celebración de la boda. (PD)

6 de enero de 1540

El enlace matrimonial de Ana de Cléveris, de 25 años, y el mismísimo rey Enrique VIII ha sido una de las bodas más esperadas de lo que llevamos de año 1540.

Quién le iba a decir a Enrique que se volvería a casar de nuevo, después de perder a su anterior esposa en el parto. Pero la vida da muchas vueltas, y el amor que procesa el rey por las todas mujeres, es uno de los motivos que le han llevado a contraer de nuevo matrimonio. Esta es su cuarta esposa, y seguro que no será la última.

Enrique VIII
El culto al cuerpo es una de las virtudes de Enrique VIII. (PD)

El lugar escogido por los ‘enamorados’ para esta fecha tan especial, que servirá para unirles en el santo matrimonio, ha sido el Palacio de Placentia, en Greenwich, cerca de Londres. La ceremonia ha tenido como encargado de oficiar la misa al arzobispo Thomas Cranmer, hombre de confianza del monarca.

El vestido de Ana fue uno de los protagonistas del evento. Confeccionado con ricas telas, y adornado con perlas y piedras preciosas, consiguió impresionar a las personas allí presentes que en todo momento acompañaron a los recién casados. Un vestido digno de una reina.

Después de la ceremonia, los invitados de honor, entre los que se encontraban grandes personalidades del mundo de la realeza, continuaron la fiesta en un banquete rebosante de comida y vino.

Los gastos de la gran boda no se han dado a conocer, pero seguro que serán elevados, ya que este enlace es muy importante para Enrique, pues la unión con Ana de Cléveris le concederá un mayor poder estratégico en el continente.

¿Cómo surgió el amor entre ellos?

La maravillosa historia de amor entre Enrique y Ana es bastante curiosa. Los recién casados no se conocían de antes, y el rey necesitaba saber si su futura esposa era físicamente agradable para él.

Por este motivo, el consejero del rey envió a su pintor de cámara, Hans Holbein, a la corte del duque Guillermo para que retratase a la futura novia, y así poder dar el visto bueno para comenzar los preparativos de la boda. El único requisito del rey: que fuera lo más realista posible.

Cuando Holbein regresó, y enseñó el lienzo al rey, este quedó satisfecho con la belleza de Ana y dispuso todo para su futuro encuentro.

Ana de Cléveris partió en un barco a la reunión con su amado rey, y cuando por fin se conocieron… no saltó ninguna chispa entre ellos. El pintor no hizo muy bien su trabajo retratando a Ana. Y Enrique, tampoco es que sea un hombre muy agraciado.

Ana Cleves
El rey cuando vio a Ana por primera vez la describió como “una yegua de Flandes”. (PD)

Sin embargo, todo estaba dispuesto para el enlace matrimonial y romper el acuerdo solo traería problemas políticos. Así que llegado este día, la pareja de «enamorados» ha tenido que consagrar su tan ansiado matrimonio.


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