Las disputas entre políticos tienen solución con este método

burr hamilton
Solo puede quedar uno.

11 de julio de 1804

¿Hay algún país en el que sus políticos no discutan? Una de las cualidades que tiene que tener todo «buen» político es la capacidad de discutir, y en ocasiones, destruir a sus adversarios. Solo uno de los bandos tiene la razón, y eso de llegar a acuerdos entre ellos por el bien común, mejor que lo hagan otros.

Hay en ocasiones que las disputas son tan fuertes que generan un odio hacia el contrario que se convierten en problemas imposibles de solucionar. Pero esto se acabó, ya que hay una novedosa solución que corta de raíz cualquier disputa y da la razón a una de las partes: morir en un duelo.

Aunque en realidad este tipo de acontecimientos se lleva realizando largo tiempo para solucionar las disputas entre personas, lo destacable es que esta vez le ha tocado el turno al mismísimo vicepresidente de los Estados Unidos, Aaron Burr, y al antiguo secretario del Tesoro, Alexander Hamilton, que en un duelo de armas han acabado con sus problemas políticos de un solo disparo.

La relación tóxica que mantenían los políticos de diferentes partidos, con constantes cruces de acusaciones entre ellos, era prácticamente irreparable y el único camino posible tenía que ser la muerte de uno de los dos.

El duelo Burr-Hamilton

Los enemigos acudieron para resolver su lance de honor en botes separados desde Manhattan hasta un punto conocido como Altos de Weehawken, colindante a los acantilados de Nueva Jersey, en el mismo lugar que tres años antes el hijo mayor de Hamilton había muerto en un duelo.

El primero en llegar al punto de encuentro fue Aaron Burr y poco después lo hizo su oponente, Alexander Hamilton, cada uno con sus respectivos padrinos y testigos del enfrentamiento.

Una vez decidida las armas para el duelo, los contrincantes tomaron posiciones con la distancia estipulada y, sin apenas perder tiempo, dispararon sus armas. La bala de Burr fue la que impactó de lleno en el abdomen de Hamilton, provocando que el proyectil se alojara en su espina dorsal.

Hamilton cayó al suelo casi de inmediato, y fue rápidamente transportado a la casa de su amigo William Bayard Jr., en Nueva York, en estado de máxima gravedad, y los médicos creen que en las próximas horas Hamilton deje de respirar.

Y así, de esta manera tan rápida se acabaron los problemas políticos entre Aaron Burr y Alexander Hamilton. ¿Te imaginas a tus políticos solucionando sus disputas de esta manera?

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