El «casi» fusilamiento de Dostoyevski

fusilamiento Dostoyevsk
Todo preparado para ser ejecutados, con público incluido. (PD)

22 de diciembre de 1849

No valoramos la vida hasta que no estamos próximos a perderla. Transitamos en esta existencia sin creer que, ese fatídico día que nuestros cuerpos dejen de funcionar, llegará en algún momento. Las reflexiones acerca de la vida y la muerte solo aparecen en nuestra mente cuando percibimos que el final está cada vez más cerca.

Estos pensamientos son los que han invadido la cabeza del escritor Fiódor Dostoyevski en sus últimos instantes de su vida, o eso es lo que él pensaba, ya que minutos antes de celebrarse su fusilamiento, un indulto llegó para salvarle la vida. Una experiencia que nunca olvidará.

La joven promesa de la literatura de 29 años, Fiódor Dostoyevski, autor de Pobres gentes, tuvo la mala fortuna de ser arrestado el pasado 23 de abril, por pertenecer al grupo de intelectuales llamado Círculo Petrashevski.

Acusados de organizar actividades antigubernamentales y de conspirar contra el zar Nicolas I, Dostoyevski y sus camaradas fueron trasladados a la fortaleza de San Pedro y San Pablo, a esperar una fecha para su muerte.

Fiodor Dostoyesvki
El joven Dostoyevski posando para un retrato. (PD)

El final está cerca

La fecha elegida era hoy. Acompañados al patio por sus verdugos, los presos contemplaron aterrorizados como se apilaban los ataúdes que se convertirían, a partir de ahora, en su nuevo hogar.

Durante los preparativos para la ejecución, unos cuantos curiosos se acercaron a la plaza para observar lo que sucede a quién tiene el valor de alzar la voz contra las políticas del zar.

“No puedo creer que me vayan a fusilar”, dijo un preocupado Dostoyevski, antes de vendarle los ojos para no contemplar su final.

Cuando tres de sus compañeros estaban atados a los postes, -él iba en el siguiente grupo de tres- un jinete apareció con una carta del zar. Era lo que nadie se podía imaginar: un indulto. Les perdonaba la vida a cambio de trabajos forzados en Omsk, Siberia, durante cinco años. Eso, o la muerte.

El cúmulo de emociones que experimentó el escritor, provocaron que sufriera allí mismo un ataque de epilepsia. Una vez recuperado, aceptó de buena manera su «entretenida» estancia en Siberia.

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